La vid es una planta menos delicada que muchas otras, pero necesita cierto riego al principio de su crecimiento para tener las máximas posibilidades de arraigar en tu jardín, vivir muchos años y darte la máxima cantidad de uva de mesa.

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Riego de la vid en la plantación

Tras la compra de una vid por internet, en cuanto recibas el paquete, tienes que rehidratarla antes de plantarla, sumergiéndola durante 24 h en un cubo de agua, en un lugar fresco. Según las condiciones del transporte, tu planta habrá pasado entre 3 y 10 días en una caja (la experiencia nos ha demostrado que puede aguantar hasta un mes).

Si compras tu planta de uva de mesa en un centro de jardinería o en tu vivero de confianza, el método es el mismo. Suelen estar en grandes invernaderos, y basta con que falle una parte del riego o de la aspersión para que tu planta sufra estrés hídrico.

Una vez hecha la plantación de la vid, hay que regarla con 5 o 6 litros de agua (media regadera) para que la tierra se adhiera bien a las raíces sin dejar bolsas de aire, y después cubrirla con una fina capa de tierra seca para conservar la humedad en las raíces. ¡No tengas miedo de regar demasiado!

Riego de la vid
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Regar tu planta joven el primer año

El primer año, vuelve a aportar esa misma cantidad de agua cada 15-20 días, sobre todo si no llueve. Ten en cuenta que esta planta es una trepadora y que, además, la cepa está injertada sobre un portainjerto vigoroso que echa raicillas en profundidad para buscar humedad. Regar en abundancia (como una buena ducha) hará que el agua no se quede en la superficie y llegue realmente a las capas profundas.

Por eso no sirve de nada regar cada 2 días o cada semana: favorecerías un sistema radicular superficial, y el día que te olvides de regar, la planta no tendrá las reservas necesarias para aguantar ese pequeño golpe de sequía. Es importante aprender a limitar el riego y adaptar la frecuencia a las necesidades reales de agua de la vid. Este consejo vale también para muchos arbustos y plantas del huerto, y también para el riego automático: evita los riegos pequeños y frecuentes, y apuesta por una buena cantidad de agua de vez en cuando.

Riego de una vid joven
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El riego de una vid adulta

Un riego regular y espaciado durante el primer año habrá permitido a tu planta asentar bien sus raíces y desarrollar un sistema de supervivencia sólido para el resto de su vida. Ya has hecho casi todo el trabajo en cuanto al riego. Si quieres ayudar a tu vid, apuesta por la escarda de la vid y del suelo. Siempre se dice que una buena escarda vale por dos riegos, por todo lo que aporta a la vid en su ciclo de desarrollo.

Por eso, como habrás visto en los viñedos de secano, tanto en España como en el resto de Europa, las vides adultas no se riegan a mano y solo reciben el agua de la lluvia. Del mismo modo, en el jardín, el huerto o entre los frutales, no es necesario regar tu vid adulta.

Riego de una vid adulta

¿Hay que regar la vid?

Sí, en la plantación de la vid y durante el primer año (cada 15-20 días). Una vez adulta, la vid suele conformarse con la lluvia, salvo en caso de sequía excepcional.

La mejor prueba está en los viñedos de secano, sea cual sea la variedad elegida, a menudo lejos de pueblos y ciudades. Se riegan sobre todo con la lluvia y, aun así, la vid sobrevive y da uvas muy buenas. En cambio, una vid regada en exceso puede tener hojas amarillas que se caen, y además acostumbra a las raíces a quedarse en la superficie en lugar de buscar la humedad en profundidad.

Por último, si tu vid está plantada en maceta, consulta nuestra página dedicada.

¿A qué hora del día regar la vid?

No se recomienda regar por la noche, porque el frescor, la humedad y la ausencia de sol son factores que pueden provocar enfermedades de la vid. Del mismo modo, regar en plena tarde no es muy ecológico, por las pérdidas de agua por evaporación y por el riesgo de quemar los tejidos de la planta, a causa del reflejo del sol en las gotas de agua.

Por eso, si tu horario te lo permite, te recomendamos regar por la mañana cuando las noches todavía son frescas, aunque el suelo se caliente durante el día (primavera), o al contrario, regar al final de la tarde, al atardecer, cuando hace más calor (verano).

¿Está prohibido regar la vid en época de sequía?

En casos excepcionales, como los años de fuerte sequía que hemos vivido recientemente (y que probablemente se repetirán con el cambio climático y la subida de las temperaturas), se aconseja a los jardineros hacer 2 riegos, uno a mediados de julio y otro a mediados de agosto, pero no más. Eso sí, respetando siempre las restricciones que pueden imponer los ayuntamientos o las confederaciones hidrográficas, que a veces limitan o prohíben el riego de jardines durante las sequías o las olas de calor para ahorrar agua y proteger los acuíferos.

Métodos de riego de la vid:

¿Riego manual o agua de lluvia?

Siempre que puedas, apuesta por el riego natural con agua de lluvia, más natural que el agua del grifo. Si el tiempo se anuncia lluvioso (más de 10 mm de agua según una web de meteorología o el pluviómetro de casa), ¡no riegues! Lo mismo en invierno: puedes espaciar los riegos aunque no llueva. Además de ser gratis e ilimitada, el agua de lluvia se recomienda sobre todo por su suavidad (pH 6), la ausencia de cloro y flúor y su bajo contenido en sales minerales. El agua del grifo, en cambio, puede estar contaminada, tener mucha cal y cloro.

Para recoger el agua de lluvia en el jardín, usa cubetas, macetas, jardineras, un aljibe o un depósito, preferiblemente cerrado para reducir la evaporación con el calor y evitar que se acumulen hojas, insectos o huevos de mosquito. Conecta tu depósito a los canalones del tejado o de la caseta del jardín para recoger más agua, y tendrás a tu disposición un agua gratuita y de mejor calidad para tus árboles y arbustos. Termina con una conexión a una manguera o un grifo.

El método del alcorque

Hay muchas técnicas de riego de la vid, pero la más eficaz suele ser el alcorque (sin drenajes). Basta con formar alrededor de la cepa recién plantada un círculo de tierra de unos 10-15 centímetros de altura, que retendrá el agua alrededor de la planta y evitará que se escape en todas direcciones. Hay que rehacerlo cada 6-12 meses, porque con el tiempo tiende a hundirse y pierde eficacia. Además, es importante escardar el suelo alrededor de la cepa: así las raíces se airean y necesitan menos agua.

Con esta técnica hay que seguir las recomendaciones habituales, es decir, no mojar las hojas ni los racimos (propagación de enfermedades, oídio, mildiu), sino localizar el riego en la base de la planta, a ras de suelo. Si puedes, regula la presión del grifo y elige una presión baja para reducir las salpicaduras sobre las hojas.

El riego de la vid por goteo o con bulbos de riego

En materia de riego, el goteo es una alternativa interesante que utilizan algunos viticultores en sus viñedos para favorecer el crecimiento de las plantas jóvenes y de la uva de vino o de mesa. Esta técnica de riego automático evita mojar las hojas (al contrario que la aspersión) y permite una gestión óptima del agua.

Un sistema de filtrado adecuado evitará que las hojas o los insectos atasquen los tubos, y un regulador de presión te permitirá controlar el caudal y evitar grandes diferencias de riego entre las primeras y las últimas plantas de la hilera. También existen tecnologías muy avanzadas (sistemas de riego, redes de riego, programadores, microirrigación, kits de riego regulables, sondas) para los profesionales con grandes parcelas de varias hectáreas de viñedo, que permiten por ejemplo diluir abono en la tubería principal para nutrir la vid, crear numerosas conexiones, adaptar los goteros y limitar el consumo de agua a largo plazo.

Ahora ya lo sabes prácticamente todo sobre el riego de la vid. Para comprar tu planta, en Viticabrol encontrarás más de 50 variedades de uva de mesa y de vino.

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