Aunque la vid es una planta poco delicada, es sensible a muchas enfermedades e insectos. Sus enemigos más conocidos son el mildiu, el oídio, la podredumbre y la filoxera. Descubre en este artículo los síntomas de estas enfermedades principales, cómo reconocerlas y cómo proteger tu vid o luchar contra ellas, para conseguir una cosecha de uva sana.

Antes de nada: prevención y elección de variedades resistentes

Ante todo, debes saber que hay muchas formas de reducir el impacto o la presencia de enfermedades:

  • La exposición de la cepa al sol y la escarda de la tierra favorecen la circulación del aire y el drenaje del agua, lo que reduce la humedad ambiental y todos los riesgos asociados. Tu ubicación geográfica puede ser una ventaja o no: las regiones secas son menos propensas a este tipo de enfermedades.
  • Plantar en pequeñas cantidades es una ventaja para los jardineros aficionados. Son sobre todo los grandes viñedos de varias hectáreas los que corren el riesgo de verse afectados, porque las enfermedades se concentran más. A escala de un particular, en un jardín o en un invernadero, el riesgo es bajo.
  • Una revisión regular de tu jardín te permitirá tratar el problema a tiempo, antes de que se extienda demasiado en la planta afectada y pase a las vecinas. Acostúmbrate, cuando hagas el riego de la vid, a echar un vistazo a las hojas y a la estructura.

Otra forma de prevenir las enfermedades es elegir variedades de uva de mesa resistentes a las enfermedades. Encontrarás estas variedades en nuestra página dedicada, con variedades como Noah, Isabelle o Moscatel Azul: Vid de mesa sin tratamientos.

Hoja de vid con mildiu

El mildiu de la vid

El mildiu (Plasmopara viticola) está causado por un microorganismo microscópico parecido a un hongo que ataca las hojas y los racimos de uva. Durante el reposo invernal se conserva en forma de huevos de invierno (esporas) en las hojas muertas caídas al suelo. Sus daños pueden ser considerables y acabar con toda una producción, o incluso debilitar la cepa durante años si sufre un ataque fuerte sin tratar.

Causas

Uno de los factores que favorecen estos ataques y la aparición del mildiu es el tiempo y las condiciones climáticas. Un tiempo húmedo y lluvias fuertes, junto con temperaturas de entre 11 y 30 grados, favorecen su aparición. Un follaje demasiado denso facilita su transmisión entre distintas partes de una planta o entre plantas. El periodo de incubación de esta enfermedad es de unos 5 a 10 días.

Síntomas

Los primeros síntomas son la aparición de manchas amarillentas (parecidas a manchas de aceite) en las hojas. Después se extienden y el envés de la hoja se cubre de una ligera pelusa blanca, que con el tiempo da a la hoja un aspecto marrón y tostado. En los racimos, la enfermedad provoca que los granos se vuelvan marrones, y después que el racimo se seque y se deforme, con un aspecto de pasas.

Tratamiento

La primera forma de luchar contra el mildiu es recoger y quemar con cuidado las hojas caídas en otoño, que pueden albergar huevos. Después, una poda adecuada permitirá una mejor ventilación y menos contacto entre las hojas. Por último, un tratamiento por pulverización a base de cobre, como el caldo bordelés, te ayudará a combatir esta enfermedad. Eso sí, cuando la planta ya está en floración, puede ser demasiado tarde para pulverizar, porque el riesgo de quemaduras sería importante.

¿Prefieres evitar estos tratamientos? Algunas variedades son resistentes de forma natural a enfermedades fúngicas como el mildiu, sin necesidad de tratamientos: Isabelle, Moscatel Azul, Noah, Clinton, Palatina.

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Hoja de vid con oídio

El oídio de la vid

El oídio (Uncinula necator) es una enfermedad criptogámica (causada por un hongo filamentoso microscópico) originaria de América del Norte, que se extendió por toda Europa y en especial por la cuenca mediterránea. Se identificó por primera vez en 1834 en Estados Unidos y llegó a Europa hacia 1850. Fue la primera enfermedad americana que afectó a los viñedos europeos, con una propagación fulgurante: en pocos años alcanzó los viñedos de Francia, España, Italia y Portugal.

Causas

Uno de los factores que favorecen el contagio, y por tanto la aparición de esta enfermedad, es el tiempo. El oídio se desarrolla rápidamente cuando las temperaturas superan los 12 grados y la humedad pasa del 40 %. La sombra también facilita que se instale la humedad, por eso se recomienda plantar las variedades sensibles lo más al sol posible. Lo mismo ocurre con el viento, que dispersa la enfermedad a otras plantas, salvo si es seco: en ese caso tiene un efecto positivo, porque dificulta el desarrollo del hongo.

Síntomas

En primavera, en los brotes jóvenes, se desarrolla el micelio procedente de yemas contaminadas el año anterior. Se reconoce por unas manchas grisáceas irregulares y polvorientas. Poco a poco ataca la hoja y provoca manchas de aceite que se pueden confundir con el mildiu, pero que después deforman la hoja y la decoloran, dándole un aspecto polvoriento blanco o grisáceo. Los racimos pueden secarse parcial o totalmente, con granos cubiertos de un fino polvo grisáceo y después de necrosis negras, con un fuerte olor a moho.

Lucha y tratamiento

Además de los consejos generales de cultivo, algunas acciones complementarias pueden ayudarte a prevenir o limitar los daños: haz pulverizaciones preventivas o curativas con azufre (apto en ecológico). También se puede usar en polvo sobre las hojas, los racimos afectados e incluso el suelo, siempre con tiempo seco. Existen otras alternativas naturales, como una decocción de raíces de ortiga o de acedera.

Como prevención, plantar rosales cerca de tus frutales te ayudará a detectar la enfermedad. El rosal es más sensible, así que el oídio lo atacará primero y te dará tiempo para evitar que llegue a tu preciada cepa.

¿Prefieres evitar estos tratamientos? Algunas variedades son resistentes de forma natural a enfermedades fúngicas como el oídio, sin necesidad de tratamientos: Garant, Nero, Galanth, Lidi, Zemira.

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Hoja de vid con filoxera

La filoxera de la vid

La filoxera (Daktulosphaira vitifoliae) es una plaga provocada por un insecto chupador (un pulgón) del mismo nombre. A partir de 1863, este insecto provocó en Francia la mayor crisis de la historia de la viticultura, y después se extendió por toda Europa. En España se detectó por primera vez en 1878, en la provincia de Málaga, y en las décadas siguientes arrasó gran parte del viñedo español. Hoy está presente en casi todos los viñedos europeos, pero ya no causa tantos daños porque las plantas que venden los profesionales están injertadas. Esta solución fue la que salvó la viticultura europea, y es la que se sigue usando hoy en día.

Causas

Los insectos machos y hembras se aparean, y la hembra pone un huevo de invierno en las cepas. Este huevo, amarillo y después verde según avanza, eclosiona en primavera y da lugar a una filoxera áptera (sin alas), que baja hasta las raíces (filoxera radicícola) o se queda en las hojas, junto a los sarmientos, y forma agallas (filoxera gallícola).

Síntomas

En el envés de la hoja, las picaduras de estos pulgones provocan la formación de agallas que invaden todo el limbo, lo que dificulta la fotosíntesis y reduce la acumulación de azúcares en las bayas.

En las raíces, el insecto provoca nudosidades y tuberosidades que detienen el crecimiento. Cuando son numerosas, también pueden aparecer bultos en la superficie de las raíces, que dejan la puerta abierta a microorganismos responsables de la podredumbre. Al final, las plantas afectadas tienen muchas posibilidades de morir.

Lucha contra este parásito

La forma eficaz de no encontrarte nunca con esta plaga es plantar vides injertadas (y no de pie franco). Es lo que ocurre cuando las compras a un profesional. En cambio, si haces esquejes de cepas existentes, sí existe un riesgo. En ese caso, te recomendamos plantar en un suelo arenoso.

No existen insecticidas autorizados contra la filoxera. Antiguamente, los viticultores inyectaban en las raíces algunas sustancias químicas como el sulfuro de carbono, lo que permitía salvar las plantas, pero era muy complicado, lento y caro.

Bueno saberlo: al contrario que en el caso del mildiu y el oídio, la resistencia a la filoxera no depende de la variedad, sino del portainjerto. Todas nuestras plantas están injertadas, lo que te protege de forma natural de este parásito, sea cual sea la variedad elegida.

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Racimo de uva con podredumbre gris

La podredumbre gris de la vid

La podredumbre gris (Botrytis cinerea) es una enfermedad criptogámica, causada también por un hongo saprófito muy extendido. En la vid, pasa el invierno en forma de filamentos (micelio) o de agregados (esclerocios) en las hojas muertas y los sarmientos, antes de reactivarse en primavera con la vuelta de las lluvias. Curiosamente, algunos vinos dulces se elaboran con este mismo hongo, cuando se desarrolla de forma controlada sobre uvas muy azucaradas al final de la temporada.

Causas

El botrytis se desarrolla sobre todo a partir del envero (el momento en que las bayas empiezan a madurar; si quieres saber más, consulta el ciclo de la vid), cuando su piel se vuelve más frágil y sensible a las heridas. La humedad, la lluvia y el viento favorecen su aparición, igual que los racimos demasiado compactos, donde los granos se tocan y se hieren entre sí.

Síntomas

En las hojas aparecen manchas marrones que se van extendiendo, a veces formando círculos concéntricos. En los racimos, el síntoma más característico es una pelusa grisácea que cubre las bayas, primero en una zona concreta y después en todo el racimo. Los granos afectados se secan y se arrugan, con riesgo de pudrirse por completo si la humedad se prolonga.

Tratamiento

La prevención sigue siendo lo más eficaz: una buena ventilación de la vid (poda adaptada, deshojado alrededor de los racimos) reduce mucho los riesgos, porque limita la humedad estancada alrededor de las bayas. Retira y elimina las partes afectadas en cuanto aparezcan para evitar que se extienda. Los tratamientos a base de cobre que se usan contra el mildiu pueden tener un efecto preventivo complementario, pero la ventilación sigue siendo lo más determinante.

El mejor reflejo contra el botrytis es ventilar bien tus racimos. Consulta nuestros consejos sobre la poda de la vid y el cuidado de una parra para limitar los riesgos de forma natural.

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Hoja de vid amarillenta por una carencia

Hojas amarillas: ¿enfermedad o carencia?

Buenas noticias: no siempre es una enfermedad. Que el follaje amarillee suele ser señal de una simple carencia de hierro o de magnesio, dos problemas nutricionales frecuentes en la vid, fáciles de corregir una vez identificados. Y se pueden distinguir fácilmente según dónde aparezca primero el amarilleo en la planta.

Carencia de hierro (clorosis férrica)

Dónde mirar: en las hojas más jóvenes, en el extremo de los brotes.

Cómo se ve: un amarilleo entre los nervios, que se mantienen bien verdes. Suele deberse a un suelo calizo, que bloquea la absorción del hierro aunque haya suficiente en la tierra.

Cómo corregirla: con un aporte de quelato de hierro, idealmente en marzo-abril, justo antes de que se reactive la vegetación.

Carencia de magnesio

Dónde mirar: en las hojas más viejas, en la base de los brotes.

Cómo se ve: un amarilleo que empieza por los bordes de la hoja y avanza hacia el centro, hasta volverse marrón. La planta envía sus últimas reservas de magnesio a los brotes jóvenes, por eso las hojas viejas son las primeras en sufrir.

Cómo corregirla: con un aporte de sulfato de magnesio, aplicado al suelo o por vía foliar.

En cuanto al consumo de las uvas de vides con estas enfermedades, debes saber que el mildiu y el oídio no son tóxicos (pero no comas los granos afectados), que la filoxera nunca afecta al fruto, y que es mejor retirar los granos con pelusa grisácea (podredumbre gris) que comerlos.

Si necesitas consejo (además de estas explicaciones y de las imágenes de las hojas de vid), escríbenos o envíanos una foto de tus plantas.