Fruto de la experiencia de varias generaciones de viticultores, descubre nuestra guía completa sobre el cuidado de la vid, del suelo y del jardín. Aprenderás las distintas labores, como los tratamientos, el deshierbe, la escarda o el abonado. Sigue paso a paso nuestras recomendaciones y déjate llevar por la pasión por la viticultura y la jardinería.

Cuidado de la vid

Cuidado de la vid y de la uva

Principios básicos del cuidado de la vid

Además de la plantación, la poda y el riego, hay algunas acciones y etapas clave del cuidado de la vid que conviene hacer para reducir la aparición de enfermedades, fortalecer tu cepa y aumentar su productividad, y por tanto la cantidad de uvas que cosecharás. Mimar tu vid compensa a largo plazo.

Por supuesto, estos consejos deben adaptarse al tamaño de la plantación, en el jardín o en el viñedo, y a las variedades de vid elegidas. También se pueden ajustar a tu forma de cultivo si practicas, por ejemplo, la agricultura ecológica, la permacultura o cualquier otro tipo de jardinería más respetuosa con el medio ambiente.

Tratamiento de la vid con caldo bordelés y azufre

¿Cómo cuidar las vides tradicionales?

Plantadas en pequeña cantidad, en un entorno con cultivos variados, estas variedades necesitan menos tratamientos que en un viñedo profesional. Son sobre todo las grandes zonas de monocultivo, como los viñedos, las que favorecen la aparición y el desarrollo de las enfermedades fúngicas de la vid.

Aun así, para cuidar bien una vid tradicional, a menudo hay que tratarla unas 5 o 6 veces por temporada (guiándote por el calendario de la vid, de mayo a julio) con caldo bordelés (o sulfato de cobre) y azufre, para luchar de forma eficaz contra el mildiu y el oídio, los dos principales hongos que atacan las hojas y las uvas.

Cuidado de una vid resistente a las enfermedades sin tratamientos

¿Cómo cuidar las vides resistentes?

Una vid resistente a las enfermedades, por su propia naturaleza, necesita muy pocos cuidados y te permitirá cosechar uva sin gastar tiempo ni dinero en productos fitosanitarios. Para el jardinero, el cuidado será muy rápido y sin productos químicos.

Estas variedades resistentes están protegidas frente a las principales enfermedades de la cepa y del racimo. El problema que sigue existiendo son los ataques de la polilla del racimo (Lobesia botrana), que se pueden resolver de forma sana o ecológica colocando en las cepas difusores de feromonas (la llamada técnica de confusión sexual).

Cuidado y abonado del suelo

Antes de plantar, si quieres optimizar al máximo la cosecha de uva y el crecimiento de tu vid, tendrás que conocer tu suelo, sus capacidades y sus carencias. Para ello puedes, por ejemplo, enviar muestras de tierra a un laboratorio de análisis, que te detallará su composición, los elementos presentes o que faltan, su pH y otras características.

¿Qué fertilizante y qué abono usar para la vid?

Abono especial para vid y fertilización natural

Como ya habrás leído en la web, no se recomienda en absoluto echar abono en el fondo del hoyo durante la plantación de la vid, porque el riesgo de quemar las raíces es muy alto (y esto vale también para muchos otros frutales y plantas del huerto).

Además, cada abono aporta cosas distintas, y es mejor usar un abono especial para vid, adaptado a sus necesidades nutritivas, para garantizar la supervivencia y el crecimiento de la planta a largo plazo. Los nutrientes estarán perfectamente adaptados a esta planta.

Lo mejor es elegir un abono natural para vid de liberación lenta (6 meses). Este abono se presenta en pastillas recubiertas de arcilla y permite una fertilización natural. Los 3 elementos principales (nitrógeno, fósforo y potasio) se liberan en el suelo de forma progresiva a partir de cierta temperatura. Así no hay riesgo de quemar las raíces, ni de un aporte demasiado rápido a la planta.

¿Cómo conocer y enriquecer el suelo de una vid?

Tipos de suelo para cultivar una vid en el jardín

Cada suelo es diferente, y su composición y su estado van a influir en el éxito y en las cosechas del huerto y de las uvas de mesa o de vino. Si lo dejas en estado natural sin trabajarlo, corres el riesgo de reducir su potencial. Aun así, puedes mejorarlo trabajando el suelo y aportándole los elementos y las condiciones que necesitan tus plantas para arraigar y crecer. Eso sí, no existe un suelo ideal para la vid, y es normal adaptarse a lo que tienes en tu jardín para cultivarla en casa.

El primer paso es conocer e identificar las particularidades de tu suelo para poder trabajarlo de forma adecuada. A continuación te resumimos los tipos de suelo más habituales en los jardines, para que te hagas una primera idea. También puedes recurrir a un laboratorio para analizar el suelo. Normalmente hay que tomar la tierra a 25 cm de profundidad, contar entre 15 y 100 € según el número de muestras y de parámetros analizados, y esperar alrededor de una semana para tener los resultados.

Suelo arenoso

La tierra arenosa se reconoce por su color claro, sus partículas ligeras y porque se desmorona casi al instante al cogerla con la mano. Muy frecuente en las zonas costeras, como en nuestra región (Hérault, en el sur de Francia), este tipo de suelo es mucho menos dócil y necesita más riego que los demás, porque retiene muy poca agua. Y es precisamente el agua la que transporta y disuelve los nutrientes. Su pH está entre 6,2 y 6,6. Te recomendamos enriquecerlo con sustrato.

Suelo arcilloso

La tierra arcillosa se reconoce porque forma terrones y es pegajosa al tacto cuando está húmeda. Es muy compacta, pesada después de la lluvia, y dificulta la circulación del aire, del agua y de las raíces. En cambio, conserva bien el agua y el frescor (a veces demasiado), lo que favorece el crecimiento de la planta. Su pH está entre 6 y 7,4. Añade arena y compost para mejorar la productividad futura de tus plantas.

Suelo calizo

De color claro, seca y desmenuzable, la tierra caliza tiende a embarrarse rápidamente cuando llueve. En cambio, se calienta fácilmente con la llegada del buen tiempo. Suele ser pobre en nutrientes, pero es fácil de trabajar. Además, drena bien el agua y los nutrientes (aunque a veces demasiado rápido). Su pH es alcalino (superior a 7,5).

Suelo humífero

Un suelo humífero es de color oscuro, suave al tacto pero también pegajoso cuando está húmedo. Se compacta al pisarlo y puede volverse demasiado compacto con el tiempo. Como su nombre indica, es rico en humus, es decir, en restos vegetales, así que nutre bien el huerto. Aun así, es importante cuidarlo y equilibrar sus excesos, como la acidez, ya que su pH suele ser inferior a 6,6.

El deshierbe de la vid y del jardín

Deshierbe de la vid y de las malas hierbas

El deshierbe de la vid, que suele estar entre las tareas menos apreciadas del jardín, es sin embargo una etapa esencial para el desarrollo de las plantas. Consiste en eliminar las malas hierbas del jardín, que suelen ser perjudiciales, invasoras y tienden a acaparar el espacio y los recursos de tus plantas. Por eso, la cepa no debería estar rodeada de hierba si quieres que crezca bien y dé suficientes uvas.

Te aconsejamos deshierbar con tiempo seco. Aunque es menos fácil que con tiempo húmedo, porque las malas hierbas salen peor, el riesgo de que vuelvan a brotar es menor. En cambio, si deshierbas después de la lluvia, las hierbas arrancadas y dejadas sobre el suelo húmedo podrían volver a crecer y echar por tierra todo tu esfuerzo. Deshierba con frecuencia para evitar que las malas hierbas florezcan, porque el viento dispersaría sus semillas por todo el jardín.

¿Cómo deshierbar la vid y el huerto?

Deshierbe manual

La técnica más sencilla es arrancar las plantas a mano o con una pequeña herramienta. No basta con quitar la parte de arriba: hay que sacar sobre todo las raíces para evitar que vuelvan a brotar. Para no acabar con el jardín lleno de agujeros, sacude bien la planta arrancada para que la tierra caiga y solo te lleves la parte no deseada.

Deshierbe natural

Existen muchos herbicidas naturales y remedios de la abuela como alternativa. Eso sí, hay que aplicarlos con precisión sobre las malas hierbas, sin que afecten al huerto. Es el caso del vinagre blanco, que se pulveriza (5 l de agua, 1 kg de sal marina y 25 cl de vinagre blanco) sobre las hierbas no deseadas, que después amarillean y se marchitan. También puedes usar el agua hirviendo de cocer pasta, arroz o patatas, con sal añadida. Este líquido tiene una concentración muy alta de almidón y acabará con las malas hierbas.

Deshierbe mecánico

Por último, para las superficies grandes existe otra solución: la mecánica. El cortacésped o la desbrozadora impedirán que estas hierbas florezcan y dispersen sus semillas. Una vez más, ten cuidado de no tocar tus plantas ni la cepa al pasar estas herramientas, porque si se cortan no es seguro que se recuperen.

La escarda de la vid y del jardín

Escarda de la vid y del terreno

La escarda es, sin duda, la labor más infravalorada en jardinería. Sin embargo, es vital para mantener una tierra fértil y aireada. Esta técnica consiste en mullir el suelo de forma superficial, rompiendo la capa superior que se ha compactado tras lluvias fuertes, riegos frecuentes o pisadas repetidas.

Esta capa superior es la principal vía de aireación del suelo y de infiltración del agua hasta las raíces profundas, y el lugar preferido de los microorganismos que favorecen el desarrollo de las plantas. Un conocido refrán de jardinería resume la gran ventaja de la escarda: «Una buena escarda vale por dos riegos».

La escarda se hace sobre todo en primavera y en verano, durante las fases de crecimiento activo. Puedes hacerla 1 o 2 días después de regar, ya sea con un riego manual o tras una buena lluvia. Puedes repetirla varias veces en cuanto veas que se forma una costra dura y seca en el suelo.

¿Cómo escardar la vid y el jardín?

Para escardar el jardín, hazte con las herramientas adecuadas. Desde la simple azada hasta la motoazada, pasando por el cultivador de dientes o el almocafre, todo dependerá de la superficie y de tus necesidades. Una buena escarda de la vid debe ser ligera y superficial. Céntrate en un radio de unos 30 cm alrededor de la planta y no profundices más de 2 cm, para no dañar las raíces. Haz movimientos de vaivén para remover la tierra y romper los terrones, avanzando hacia atrás para no pisar la tierra ya trabajada.

¿Tienes dudas sobre el abonado y el cuidado de la vid? Escríbenos desde el formulario de contacto de la web o a través de nuestras redes sociales. Y en nuestra tienda online encontrarás más de 50 variedades de uva de mesa y de vino para encontrar tu vid al mejor precio.

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